17 de octubre 2020
Hoy no es el día de viva nada, ni de viva nadie. Hoy hace 75 años se rompía un orden social y político cómodo para pocos. Hoy se cumplen 75 años de que los trabajadores, los que eran más e importaban menos, se subieron empujando al país y tomaron un lugar. Hoy sigue molestando, incluso más de lo que molestó hace 75 años. Las patas siguen en la fuente y todavía molesta.
Hoy los que
antes eran pocos y estaban cómodos parecen ser más. Los que están cómodos y se
sienten atacados, rodeados, son más. Porque los que realmente están
cómodos siguen siendo muy pocos. Y muy vivos. Esos poquitos, porque en serio
son poquitos, dejaron pasar al palier de su país a unos cuantos más, los
dejan jugar con ellos, les dicen todo que sí y entonces los que se horrorizan
por las patas en la fuente son muchos más.
El asco y
el rechazo no aflojaron y no van a aflojar. Ni hoy ni en 30 años. Aunque lo que
hay hoy ya no sea ese Peronismo que nació hace 75 años. No va a aflojar. Porque
qué asco los negros y qué boludos los peronchos ¿no?. Porque es
más fácil hablar de que nadie trabaja y que todo es un desorden. Y porque no cuesta
nada pedir palo y tiro. Cuesta realmente muy poco entregar todo para rogar que
alguien venga a poner orden. No pasó mucho tiempo de la última vez, fíjate, no
pasaron ni 50 años todavía.
Y también
es más fácil provocar. Reconocerse como provocativo y quilombero, saberse
molesto y masivo es una herramienta de acción y de reacción que no cambió en 75
años tampoco. El humo, los bombos, los camiones, la masa y el olor siguen
molestando hoy como molestaron hace 75 años. El problema es que, capaz, ya no
significan lo mismo.
Con todas sus
contradicciones ridículas, con todo lo malo que tiene y lo peligroso que es el
siempre querer a todos contentos, hace 75 años nació el movimiento que abrió la
chance a que mis abuelos y mis bisabuelos y los abuelos y bisabuelos de muchos
otros sean una parte de la sociedad y dejen de ser una probabilidad muy
chiquita de algo muy difícil.
Hace 75
años esos primeros negros eligieron, se manifestaron como nunca habían
hecho. Fueron a la plaza a pedir por el que era su líder. Un escándalo. Ni un
poco de escándalo encontré cuando busqué por esos cientos de miles (casi un
millón) de personas que fueron a la misma plaza a aplaudir y a festejar y a
ovacionar a un dictador que invitó a Inglaterra a que venga si quería. Ah, pero
cantaron el himno.
Hoy, 75
años después es posible entender el peligro de las contradicciones que había entre
el Perón de la marcha peronista, ese que combatía al capital y el Perón que en
la Bolsa de Comercio dijo que no había ningún defensor más decidido del capital
que él mismo.
Hoy se
puede tratar de entender cómo cuernos puede ser que un Teniente General,
miembro de un golpe de estado dentro de otro golpe de estado, se transformó en
el líder indiscutible y divino de una masa popular tan enorme, compuesta por trabajadores
y anti-militares.
Y eso es posible
porque existe la universidad pública, porque no se trabaja 18, 12, 16 horas
todos los días, toda la semana, porque cada tanto nos podemos ir de vacaciones,
porque mis viejos y los viejos de muchos crecieron con oportunidades. Incluso
cuando vivieron más tiempo gobernados por militares que en democracia.
Y todavía
hoy hace ruido hablar de derechos adquiridos, de conquistas sociales, de la
famosa y manoseada justicia social. Hace ruido escuchar esas palabras. Es que
el mecanismo y la violencia con la que desde 1955 se construyó un enemigo
fueron, y son, tan grandes y tan poderosos que todavía hoy funcionan. No es
fácil cambiar una forma de pensar tan arraigada, tan profunda. Tan fuerte
prendió que bombardearon la plaza, mataron a civiles, y no parece tan grave.
El
Peronismo, ese que simbólicamente nació hace 75 años, que hoy festeja su mito
fundacional es un tema de estudio internacional, es complejo, es difícil, es
polémico, es incómodo y es agotador. Hay tanto dicho y hay tanto por decir que
no es fácil pensarlo todo. Es difícil no ser interpelado. A favor o en contra.
Es difícil no enojarse.
Por eso es
más lindo el quilombo. Es más lindo asquearse, separarse y despegarse de esos
giles que no piensan por ellos mismos. Que asco los negros. Es más
lindo hablar de clase media, clase media alta, clase media baja, clase media
semi alta. Y mientras, los poquitos que están cómodos se siguen cagando de
risa.
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